■ Gallaecia Perpetua

El Agua y la Vida son una misma porque funcionan en un ciclo único y perfecto,  “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma” en un constante lapso de espacio-tiempo. Contemplamos el agua, sentimos el despertar de un conocimiento intuitivo de la vida, percibimos su poder de destrucción, pero lo más importante es su poder de transformación, ese continuo cambio que abre las puertas a otras realidades que nos transportan por los caminos de los mundos de la imaginación y de la libertad.

Este último camino es uno de los principales problemas del ser humano actual y ese deseo impetuoso que tiene de delimitar, no solo los objetos de su vida sino también los conceptos de su mente, pretendiendo abarcarlo todo en su mano, y así la vida se le escapa “como el agua entre los dedos”, mientras esta sigue su camino…